Moralina: cuando sesenta años no son nada...




Desde la llegada del macrismo al poder, las jóvenes generaciones, especialmente las de clase media pero no sólo ellas, asisten asombradas a una tempestad moralista que se derrama sobre los argentinos día tras día. Esta ola de excrementos con destinatario preciso cuenta con la complicidad del Poder Judicial, la activa participación de los servicios de inteligencia locales y extranjeros, la propagación periodística de acusaciones sin pruebas y, ahora, la ola de detenciones ilegales de integrantes o partidarios notables del último gobierno del nacionalismo popular democrático de la Argentina, el kirchnerista.
El objetivo de la campaña no es pasajero, procura eternizarse: al igual que las “tablas de sangre” escritas contra Rosas por el poetastro cordobés Rivera Indarte contra Rosas, procura hundir para siempre en el lodo la reputación de todos los integrantes del gobierno vencido por el fraude preelectoral de 2015. No hay modo de esquivar ese ataque. Soltarle la mano a las víctimas, aduciendo una supuesta neutralidad del sistema judicial, solo cebará a las fieras.
La actual campaña de moralismo nada tiene de novedosa. Es idéntica a la que tuvo lugar en nuestro país sesenta años atrás, después de caído el general Perón. Aún no llegó a los límites ridículos que asumió en esos tiempos, pero la supera en infamia y truculencia: según el régimen macrista, es decir según la oligarquía argentina, el gobierno kirchnerista es responsable entre otras cosas de haber asesinado al fiscal Alberto Nisman, de la muerte de decenas de jóvenes en la catástrofe de Cromañón, y de la de otras decenas en el accidente/sabotaje de la estación Once, en la línea Sarmiento del ferrocarril.
El sentido de la campaña es de degradación del vencido, en toda la línea. Contra lo que muchos políticos suponen, no se trata de mostrar a los derrotados como “ladrones”. Se trata de presentarlos como el máximo ejemplo de la total degradación moral.
En 1955, además de habérselo acusado de saquear los fondos públicos, a Perón se le llegaron a imputar aberraciones tales como haber mantenido relaciones sexuales con un boxeador estadounidense, haber cometido estupro con niñas de la escuela secundaria, o haber construido una “máquina de rayos X” con la cual, secretamente, observaba desnuda a una notoriamente bien dotada estrella del cine italiano.
Y todo al mismo tiempo, desafiando cualquier lógica. Operan por mera yuxtaposición de prejuicios.
Los ejemplos sobran y basta recorrer los archivos de la época, que obran en la Biblioteca del Congreso Nacional, para descubrirlos y constatar que la ola de moralismo actual no tiene de novedoso más que los soportes mediáticos a través de los cuales se transmite.
Todas causas sangrientas, conmocionantes, completamente falsas (como la armada en torno al “acuerdo con Irán”) o políticamente absurdas (¿Qué gobierno sería tan estúpido como para organizar masacres que lo perjudicarían ostensiblemente? Acaso los “k” no se caracterizaban, según el macrismo, por su formidable capacidad de fabulación? Cómo podía habérseles escapado semejante tortuga?)
El kirchnerismo considera que estas acusaciones están destinadas a la vía muerta en los estrados judiciales incluso si se llegara a obtener alguna sentencia en las primeras instancias de una administración de justicia que a partir de 2016 va revelando su núcleo reaccionario, oligárquico y proimperialista con una enjundia digna de mejores destinos.
Así sucedió en 1955, efectivamente. A medida que el régimen siniestro de los fusiladores y bombardeadores cedió espacio a otros, menos salvajemente antiargentinos, las causas se tramitaron con mayor razonabilidad.
Y las acusaciones fueron levantadas (las acusaciones contra Perón, sin embargo, se mantuvieron hasta que las puebladas de 1969-1971 sacudieron definitivamente el equilibrio político a favor del campo nacional democrático y popular, forzando al régimen del oligarca Lanusse a iniciar el camino que traería al exiliado Perón al país).
Pero el daño al movimiento nacional y a la autoestima del pueblo argentino no solo no mermó con el tiempo. La campaña actual demuestra que la semilla de la perfidia siguió latente en el suelo pampeano, y ahora extiende su venenoso yuyal por el país entero.
Hoy, sujetos deplorables como la Dra. Elisa Carrió y sus alter egos (la “hormiguita” Ocaña, la Dra. Stolbizer) ordeñan la vaca de un moralismo tan falso como indecente, y ayudan a acumular acusaciones y, fundamentalmente, sospechas, sobre todo lo que tuvo que ver con el gobierno que se retiró en diciembre de 2015. A ellas se suman una larga lista de manipuladores mercenarios de la opinión pública que nos parece innecesario hacer aquí.
El texto que presentamos a continuación, redactado apenas empezada la campaña oligárquica de moralismo contra el gobierno derrocado el 16 de septiembre de 1955, tiene total actualidad. Basta con cambiar apellidos y actualizar algunos ejemplos (allí se habla del “drama del importador de autos”, hoy se debería hablar del “drama del importador de chucherías electrónicas”) para descubrir que estamos ante una repetición, un calco, de las prácticas políticas de la oligarquía argentina, la más corrupta y corruptora de las clases sociales que jamás hayan asolado el suelo de la patria. Baste decir que desde su nacimiento mismo, como nido de contrabandistas, ladrones y traficantes de esclavos en la vieja Buenos Aires del siglo XVII, sabe vivir contra el Estado a través de la corrupción de sus funcionarios.
Solo corresponde hacer una consideración que termine de actualizar el documento, cuya actualidad no hace sino marcarnos las consecuencias de no haber terminado de una buena vez con la existencia social y económica de ese grupo antiargentino que nos impone, desde hace dos siglos, la contrarrevolución permanente como práctica política y, ya que estamos, como forma dominante de la moral pública.
La campaña actual está obligada a ser más violenta y persistente que la anterior. No solo porque a medida que pasa el tiempo la oligarquía va oscureciéndose progresivamente y abandona como lastre muerto toda pretensión de cultura (cambian París por Miami, digamos), sino también porque el régimen macrista no surgió de un golpe militar precedido por un bombardeo criminal incluso desde el punto de vista de las leyes de la guerra. Este hecho transforma al moralismo en la única arma real con que cuenta el régimen para legitimarse. Y necesita legitimarse permanentemente, no solo porque de ese modo mantiene el centro del campo político sino también porque su origen no está en las armas sino en las urnas.
La Argentina está mal acostumbrada en materia de golpes de Estado. Tenemos la tendencia a suponer que solo merecen ese nombre los que se perpetran desde los cuarteles. Pero nuestro país ha sufrido varios golpes más, no necesariamente de carácter militar y sin embargo igualmente nefastos por sus consecuencias. En una rapidísima ennumeración, y esto sin necesidad de emitir un juicio de valor sobre su contenido de clase, podemos señalar, remitiéndonos solo al siglo XX, el golpe palaciego del Gral. Bignone contra el Gral. Galtieri después de la Guerra de las Malvinas en 1982, el golpe financiero-monetario contra el Dr. Raúl Alfonsín en 1989, o el golpe parlamentario contra el Dr. Adolfo Rodríguez Saá en 2001.
En 2015 no tuvimos un “golpe electoral”, en el sentido de que el Ing. Mauricio Macri llegó al sillón presidencial con el derecho que otorga una victoria en los comicios. Pero sí tuvimos un golpe programático, una estafa preelectoral que tiñe de ilegitimidad todas las acciones de Macri desde el momento mismo en que juró –en falso, dicho sea de paso, y el dato no es menor- su cargo presidencial el 10 de diciembre de 2015. Macri llegó al gobierno para hacer lo opuesto de lo que había prometido hacer. Por lo tanto, solo puede sostenerse en él a partir de la exacerbación de la calumnia y la injuria contra sus opositores reales.
De allí la virulencia de la campaña moralista. El macrismo tiene que legitimar un golpe de estado mediático-político. Tiene que “blanquear”, además de miles de millones de dólares fugados del país, una elección en la que venció mintiendo, apoyado por una fragorosa campaña mediática que el kirchnerismo no supo, no pudo o no quiso contrarrestar efectivamente, y con el respaldo de la sutil intervención de los tres poderes de Estados Unidos a favor de Paul Singer y los fondos buitre.
Esa defraudación ideológica del Pro y su tren fantasma de radicales sin honra, además, se perpetró en un clima de incertidumbre sobre qué hubiera hecho Cambiemos de haber sido derrotado en la segunda vuelta electoral por el mismo margen por el que ganó. El descubrimiento de arsenales privados, la paulatina exacerbación de la violencia policíaca, y otros indicios hacen temer que la amenaza de que “hubiéramos sido Venezuela” estaba en los papeles de la oligarquía local. Todo eso tiene que encubrirse. Para eso la moralina nauseabunda que nos circunda hoy. Y por eso es tan fundamental comprender los elementos de juicio que vuelca Jorge Enea Spilimbergo en 1955, alertándonos contra el uso faccioso de la fragilidad de los gobiernos populares ante el escándalo.
Por esos tiempos, y en la misma batalla, Arturo Jauretche escribió (y hoy esas palabras tienen igual vigencia que entonces) que “Los gobiernos populares son débiles ante el escándalo. No tienen, ni cuentan, con la recíproca solidaridad encubridora de las oligarquías y son sus propios partidarios quienes señalan sus defectos que después magnifica la prensa. El pequeño delito doméstico se agiganta para ocultar el delito nacional que las oligarquías preparan en la sombra, y el vendepatria se horroriza ante las sisas de la cocinera”.
Sobre el sentido y las raíces de ese punto flojo del campo nacional no existe hoy nada más actual que ese texto, que puede consultarse en: www.formacionpoliticapyp.com/2014/05/523/

Ante las elecciones de Octubre en la Provincia Buenos Aires

















El resultado de las PASO dejó un sabor amargo para quienes soñamos y trabajamos por una Argentina con futuro para las grandes mayorías. Entendemos que Cambiemos está avanzando en consolidarse como proyecto hegemónico de las clases dominantes en el país y como ariete de la nueva ofensiva neoliberal en América Latina.

La ajustada victoria de Unidad Ciudadana en la Pcia de Bs As y el triunfo de Cambiemos en distritos como La Pampa, San Luis y Neuquén, consolida a los liberales en el poder estatal y extiende su fuerza en la Argentina. El macrismo llegó para reiniciar un nuevo ciclo de flexibilización de la fuerza de trabajo, despidos dentro del sector público y privado, suspensiones, tarifazos, inflación y endeudamiento. Son los dueños de las tierras, son los dueños de los medios, son los dueños de los bancos y del dinero, los alimentos y la energía. No son la representación. Son los dueños.

Frente a este panorama, entendemos que la oposición al macrismo debe darse en todos los frentes posibles, en lo electoral y en las calles como lo demostraron las inmensas movilizaciones por los derechos humanos (contra el 2x1 a los genocidas, por la aparición con vida de Santiago Maldonado), contra los tarifazos y las convocadas por el movimiento obrero, los movimientos sociales y el movimiento de mujeres. Es por esto que nuestro primer desafío es seguir fortaleciendo la movilización y la organización popular en unidad con las diferentes fuerzas que hacemos vida en el seno del pueblo.

Pero no pecamos de ingenuidad. Una victoria de Cambiemos en la Provinvia de Bs. As., aún por poco, significaría un golpe duro para el conjunto de nuestro pueblo y fortalecería la legitimidad del gobierno para avanzar fuertemente con medidas que pondrán en jaque numerosos derechos conquistados durante décadas. Es por esto que en estas elecciones de octubre las organizaciones y referentes abajo firmantes decidimos apoyar la fórmula de Unidad Ciudadana "Cristina Kirchner/ Jorge Taiana", para asestarle una derrota real en lo electoral al gobierno de Macri-Vidal.

Decimos esto sin haber sido parte del gobierno anterior ni integrando la lista de Unidad Ciudadana. Estamos convencidxs de que el rumbo que debemos tomar para nuestra liberación no es el que se nos planteó como “Capitalismo Serio”, de claros límites materiales, ideológicos y políticos. Fuimos y somos críticos de un modelo que no promovió la participación de nuestro pueblo en la toma de decisiones ni una profunda transformación de la injusta estructura económica que aún subyace en la Argentina en favor de una minoría. Planteamos importantes diferencias con el ciclo político anterior, pero también reconocemos lo que consideramos avances innegables para nuestro pueblo.

Reconocemos que en las elecciones de las próximas semanas el voto a Unidad Ciudadana en la categoría a Senador es el único con posibilidades de impedir el triunfo del macrismo en uno de los territorios más importantes, y por eso tomamos esta posición. Nuestra militancia y nuestras organizaciones no pueden, sin embargo, quedar presas de un inmediatismo electoral, ni confundir poder político con poder institucional. Será nuestra tarea seguir trabajando sin pausas en la construcción de una alternativa política, un nuevo bloque popular, que asentándose en las movilizaciones y el protagonismo de nuestro pueblo, vaya mucho más allá de lo que hemos podido avanzar en nuestra historia reciente.

Desde nuestros acumulados, aprendizajes, sueños y esperanzas, debemos trabajar para construir ese país que habita en cada piba, maestra, trabajador, pequeño productor y joven de nuestro país.

Patria Grande - Izquierda Popular - Organización Popular Cienfuegos - La Emergente - Democracia Socialista - La Colectiva - Organización 22 de Agosto - Movimiento Emancipador- Patria y Pueblo

Salió PyP 63. Editorial. Conseguilo

Editorial
Unidos nos ponemos de pie. Dispersos, nos derrotan
por Néstor Gorojovsky


Desde hace dos años los argentinos vivimos una vengativa, desaforada, cruel, despiadada y pesadillesca restauración de las mismas fuerzas que engendraron la sangrienta contrarrevolución de 1955, promovieron el régimen de terrorismo de Estado en 1976, y luego nos llevaron a la catástrofe de 2001 a través de la traición (ésa sí, traición mayúscula) de Carlos Menem en 1989.

Es cierto que los miembros del actual régimen se presentan como algo “nuevo”, sin “pasado”. Cruda hipocresía: no se animan, al menos por ahora, a reconocerse como lo que son. “Cambiemos juntos” significa, en realidad “Cambien ustedes”. Ellos, las clases dominantes y el imperialismo, piensan seguir siendo fugadores de riqueza y explotadores despiadados que desangran al país.

Tratan de lavarle la cabeza a una nación entera. No piden “mirar al futuro” porque propongan alguna novedad, sino para esconder su prontuario. Mientras demuelen toda inversión productiva orientada a fortalecer nuestra independencia económica pretenden forzarnos a dar por bueno el saqueo y la fuga de riqueza.

La economía se derrumba, la indigencia crece, las estructuras del Estado se desguazan, la bicicleta financiera corre desbocada cuesta abajo, la deuda externa en moneda extranjera trepa al espacio como si la hubiéramos montado en el Tronador II, la soberanía nacional se enloda, “entramos al mundo” para mendigar favores y pedir disculpas por habernos atrevido a creer que podíamos tratar de igual a igual con cualquier país extranjero.

Caen los derechos ciudadanos, la protección legal de los trabajadores, las garantías constitucionales, la independencia del poder judicial, el coraje del Legislativo. Los antiguos coimeros adoptan pose de fiscales de la República pero bajan costos: se apoderan del Estado y ya no rinden cuentas (ni pagan comisiones) a nadie. Crece astronómicamente la corrupción estructural, porque los corruptores ahora atienden ambos lados del mostrador. Un soez sistema de medios en el que el Pro despliega su pulsión totalitaria insulta al movimiento obrero y relata graves violaciones de las reglas más elementales de la convivencia política como si fuera normal.

Y, si nada de eso alcanza para convencernos de que al votar mayoritariamente a Mauricio Macri los argentinos hemos cometido un error mayúsculo, miremos el indicador por excelencia de la progresividad o regresividad de un régimen: la tasa de mortalidad infantil. Tal como ocurrió en la ciudad de Buenos Aires desde que el macrismo la domina, desde 2016 en la provincia de Buenos Aires no para de subir. Un Herodes insaciable domina, literalmente, el horizonte de las futuras generaciones.

La cultura languidece en un desconcierto horrorizado. Desde las máximas alturas del poder se viene imponiendo un “clima de época” racista, irracional, violento, regresivo y policíaco. Vemos cómo se van ahogando cínicamente todas las voces críticas en los medios de comunicación, y los servicios de espionaje se convierten en la sombra negra de la vida cotidiana de toda la población.

Mírese también el ataque insultante al movimiento obrero, y el calificativo de “mafia” dirigido por el presidente de la Nación a cualquiera que ose frenar sus ímpetus destructivos. Macri quiere eliminar de nuestra vida todo lo que hemos construido los argentinos en defensa propia desde que, a manos del radicalismo de Yrigoyen, sacamos del poder a la misma lacra que él representa hoy. Eso de “Régimen falaz y descreído” cobra una nueva dimensión.

Corónase esta síntesis con atropellos a la Constitución (incluso a una constitución deforme y subsidiaria de las fuerzas que hoy gobiernan, como la de 1994), con la desaparición en manos de fuerzas de seguridad del ciudadano argentino Santiago Maldonado, y con la prisión sin causa judicial de Milagro Sala (y sus compañeros) a manos de los capataces de Blaquier, el radical Morales y sus socios, todo hay que decirlo, del Frente Renovador local. (El FR, digámoslo de paso, también cogobierna, entre otros lugares, en la Provincia de Buenos Aires).

Todo esto, el macrismo nos dice que es el resultado del “gradualismo” benévolo con que aplica sus recetas. Y ya todo el país sabe que el “gradualismo” se acabará cuando pasen las legislativas de Octubre. El pueblo argentino, digámoslo con todas las letras, vive las consecuencias de una derrota gigantesca ¿Qué hacer?

En política, y especialmente en política electoral, para vencer a los adversarios es suficiente congregar a los propios, sumar a los próximos, y dispersar a los ajenos. En los últimos diez años, nadie entendió mejor que Mauricio Macri este principio. Y nadie, para desgracia de nuestra Patria, lo entendió peor que el campo nacional y en especial su conducción.

No haberlo entendido nos trajo como consecuencia un progresivo desmigajamiento de las fuerzas motrices de la soberanía nacional, la independencia económica y la justicia social en la República Argentina.

Resquebrajado por diferencias internas, desangelado ideológicamente, debiéndose como se debe un debate que le permita rearmarse desde la derrota, el movimiento nacional fue de hecho, gracias a sus debilidades, el mejor aliado que el macrismo supo conseguir. La cuestión del momento pasa por dejar de serlo. Es necesario pasar a ser su más astuto adversario. Ante todo, es hora de impedir que el Pro y su comparsa puedan arrogarse una victoria en las legislativas de 2017.

Hace ya mucho que hemos entrado al momento de sumar voluntades. No lo hemos logrado. Pero tenemos que buscar voluntades que no necesitan que les recuerden cuántos beneficios recibían de un gobierno y una dirigencia que terminaron rechazando.

Desde el poder, y desde el llano, gran parte de la dirigencia del campo nacional fue incapaz de la grandeza que la hora exige. Pues bien, las legislativas de 2017 son la gran oportunidad que tenemos para empezar a tender los puentes para rearmar la unidadAtravesados los comicios, habrá mucho barro que batir para que en 2019 se pueda expulsar del poder al macrismo y sus aliados. Pero por algún punto hay que empezar.

Ese punto es negarle a Macri y su banda la posibilidad de arrogarse una victoria, complicarles la vida. Ya que no se pudo organizar lo que tenía que haber sido una victoria aplastante, al menos ahora corresponde sumar la mayor cantidad de votos posibles detrás de los candidatos que mejor miden.

No estamos desamparados. Tenemos ante nosotros (literalmente, en el cuarto oscuro), las boletas electorales de Unidad Ciudadana, Unidad Porteña, y los diversos frentes que, uno en cada distrito, agrupen a las mayorías nacionales en contra del actual proyecto de hundimiento nacional. Romper la dispersión es la tarea de la hora.

Evitemos hoy perseguir la “república aérea” ideal de un frente perfecto, que costará mucho construir. Tras largos años en los cuales el astillamiento fue norma, nuestro campo le regaló el poder al enemigo de la patria. Es hora de recuperarlo. La cita es en los comicios.

¿Qué hacer en las Legislativas de octubre? Una pregunta para los argentinos que se reconocen de izquierda






























En estas legislativas, a diferencia de las PASO, Cambiemos se juega la permanencia por más de un período. Nadie que se defina como “izquierda” puede dejar de ver que el macrismo, además de sus rasgos de partido patronal, se presenta, hacia adentro y hacia afuera del país, como los gestores locales de una restauración semicolonial. No se trata por lo tanto de una opción “burguesa” más.

Si el macrismo logra imponerse sobre las demás opciones, y en particular a la única que puede presentarle batalla electoral real, la que se agrupa en torno a la figura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, no solo habrá reforzado su política, la más orgánica y profundamente antiobrera que haya tenido la Argentina desde el régimen de 1976.

El gobierno de Cambiemos, encabezado por Mauricio Macri, lleva adelante desde el 2015 un programa político económico de las parasitarias clases dominantes autóctonas. Este programa, que es el fiel reflejo de sus necesidades históricas: relanzar su proceso de acumulación a través de la valorización financiera, promover la exportación de productos agropecuarios y productos de manufactura agroindustrial, achicando a su mínima expresión el mercado interno, y lisa y llanamente estafar al conjunto del pueblo argentino a través de una desorbitada ola de especulación financiera que permita fugar del país no solo la riqueza producida sino además los ahorros de la sociedad y de cada uno de los ciudadanos, como ya ocurrió repetidamente y la última vez en 2001. 

El ideal del Pro y Cambiemos es la Argentina de 1890, y para imponerlo tendrá que aplastar cualquier resistencia. La intimidación con Gendarmería y la policía, la detención sin juicio de opositores o la desaparición de personas, como en el caso de Santiago Maldonado, no son “errores”, son avisos: están dispuestos a todo. No necesitan sobreexplotar a la clase trabajadora. Necesitan expulsar de la actividad productiva a un número de habitantes que sea compatible con la remisión de riqueza al extranjero y la necesidad de detonar los niveles salariales.

Nunca antes, desde que la lucha del yrigoyenismo radical logró imponer el voto universal y secreto, las clases dominantes argentinas habían tenido la posibilidad de acceder a la conducción política del estado a través del voto popular. El respaldo que esto representa para su política de expoliación es significativo. El poder político que han acumulado es inédito.

Se cansaron de expoliar al estado a través de negociaciones espurias en las que fueron el principal factor corruptor de la mal llamada “clase política”, que desprecian ahora que conducen directamente al Estado. Allí donde les conviene e interesa, se apropian de él, como en el caso de Vialidad Nacional. Mantienen, institucionalizan y profundizan lo que hubo de “malo” en el gobierno anterior, y destruyen todo lo mucho que tuvo de “bueno”.

La lucha contra los antiguos “sobreprecios” producidos por los “políticos coimeros” se convirtió con Cambiemos en la completa apropiación del Estado argentino por unos pocos cárteles y monopolios, cuyas autoridades e intereses están completamente opacados a la compulsa pública. 

Roban descaradamente, los fiscales de la República. Ya no hay intermediarios que muerden un porcentaje del costo de las obras públicas. El Estado argentino entero, y los Estados de las localidades y provincias que controlan, se convierten en su propiedad exclusiva.

Frente a estos depredadores, el peronismo es la mejor herramienta, la más revolucionaria, que supo darse el pueblo argentino en su resistencia a la explotación nacional y social. Al menos hasta ahora, sin embargo, no ha logrado cumplir su programa, al que la clase trabajadora supo dar su apoyo el 17 de octubre de 1945: soberanía política, independencia económica, justicia social. Desde nuestra perspectiva es necesaria una fuerza de izquierda que sea parte del movimiento nacional y discuta la necesidad un programa que reasegure el “nunca más” económico y social, que impida toda restauración oligárquica futura. Fuera de ese marco, la “izquierda” ni siquiera es testimonial: es declamación.

Si una alternativa de izquierda no se para en la particularidad histórica que la atraviesa, termina siendo funcional al imperialismo y a los poderes facticos que dominan la Argentina. El ascetismo programático de una “izquierda” purista enfrenta las alternativas políticas del pueblo argentino y las opciones reales de la clase trabajadora en sentido amplio.
La Argentina necesita de una confluencia de izquierda, pero concreta, montada en las mejores tradiciones de lucha de su pueblo. Que asegure el papel protagónico de los trabajadores en la lucha por la liberación de la patria. 

Sabemos que la democracia representativa es una de las formas en que se expresa la soberanía popular. Tememos, con sobrada razón, que si se fortalece en las legislativas Cambiemos busque por todos los medios avasallarla. Su política despilfarrará la herencia legada por el gobierno anterior. En ese momento se desnaturalizará la democracia representativa, y a los fines prácticos desaparecerá.

Necesitamos que el Pro y su tren fantasma de vagas sombras radicales sea derrotado en las elecciones de octubre, por la mayor cantidad de votos posibles, en el principal distrito del país y asiento de la masa más compacta de la clase trabajadora: la Provincia de Buenos Aires. También estamos en condiciones de clavarle una lanza con un desempeño decoroso en el cubil de la bestia: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La izquierda, si quiere cumplir su papel histórico, tiene que definirse correctamente ante estas alternativas.

Hoy, la doctora Cristina Fernández de Kirchner es, en el plano electoral, la mejor expresión que el pueblo argentino pudo construirse para enfrentar al gobierno del capital financiero internacional, las empresas imperialistas de los CEOs y la Oligarquía. La realidad es concreta. No estamos eligiendo entre Cristina Fernández de Kirchner y Vladimir Lenin. 

Convocamos en definitiva a acompañar con el voto a las listas de Unidad Ciudadana y Unidad Porteña el 22 de Octubre. Solo sobre esa base se podrá constituir una fuerza de izquierda popular pensada para nuestra Argentina e inserta en la larga y difícil lucha que encara hoy América Latina.

Las Legislativas de 2017 son mucho más que Legislativas

De ellas depende que podamos resistir a la oligarquía macrista, o que nos pase por encima e imponga su programa de desempleo, pérdida de derechos y miseria general en un país rico que el establishment necesita volver indigno y pobre.

Desde que llegó al gobierno el régimen de los ricos, un régimen que todos sabemos que consiguió la mayoría que lo puso en la Rosada con una campaña mentirosa y fraudulenta, no cumplió una sola de las promesas que hizo (o las convirtió en una burla, como la “reparación histórica” que los jubilados tratan de gambetear).

Los que vinimos avisando que el macrismo no iba a cumplir una sola de sus promesas no estamos contentos de haber acertado en ese momento.

Al contrario, nos apena porque millones de argentinos viven ahora con el Jesús en la boca, atemorizados y angustiados porque no saben si el próximo desocupado creado por el macrismo estará dentro de su familia, o no.

Ya hay cada vez más argentinos –y cada vez más chicos y chicas- que tampoco saben si podrán comer la próxima cena, el próximo almuerzo, el desayuno o, quizás, están olvidando lo que es tomar la merienda.

El propio Presidente Macri, en un gesto que busca naturalizar esta odiosa puñalada a la dignidad humana que es la extensión del hambre, inaugura comedores, como si eso fuera un acto virtuoso de gobierno.

El hambre y su progresiva extensión es lo que nos tiene reservado un gobierno que solo actúa a favor de quienes poseen campos, de los gerentes de grandes empresas imperialistas, de los concesionarios del Estado, de los timberos de las finanzas y el cambio, de los importadores de cosas que podemos hacer aquí.

Cada vez que Macri habla de “la Argentina” habla de esa minúscula mafia de ricos que toman al país y sus habitantes como mera fuente de riqueza. Cada vez que dice “nosotros” habla de “ellos”, y de nadie más. Nunca dijo que estaba orgulloso de ser argentino, salvo en la última exposición de la Sociedad Rural.

El verso macrista del “todos juntos” es el de la lombriz solitaria: “Comé, comé, comé”, dice, pero solamente para chuparse toda la vitalidad de nuestro cuerpo y dejarnos piel y huesos, hasta que al final nos mata.

Y el hambre no es sino el principio. El macrismo está dispuesto a llevar a la Argentina a la década del 90, pero no de 1990, sino de 1890: un país agroexportador con algún otro tipo de negocio de comercio exterior, y millones de nativos pata al suelo que empujen hacia abajo los sueldos de trabajadores que, en lo que de Macri dependa, no tendrán sindicatos (salvo uno como el de los trabajadores rurales del gremialista Pro Venegas y sus testaferros, que hasta a la hija de Venegas le roban la herencia).

La guerra de pobres contra pobres, mientras los más ricos entregan el país a la rapiña extranjera. Ése es todo su programa, compatriotas. No importa por quién haya votado cada cual en las presidenciales. Importa que Macri no termine de legitimarse en las legislativas.

Porque si lo hiciera, entonces sí, envalentonado por esa victoria (o lo que presentarán por tal) mostrará todos los horrores que nos esperan. Y no es que lo digamos nosotros: lo dicen ellos, por todos lados, anunciando que el ajuste de verdad viene después de las elecciones.

Nos toman por idiotas, compatriotas. Piensan que no podemos hacerles frente. Pero se equivocan.

El Pro, en particular, se equivoca. Pero más se equivocan esos radicales que votaron por Cambiemos en la creencia de que iban a ser beneficiados por la restauración del régimen de los grandes capitalistas, todos con el rostro vuelto al extranjero, donde tienen puesto su dinero.

Se equivocan los peronistas que, por cualquier motivo que sea, están dispuestos a no votar por Unidad Ciudadana en PBA o Unidad Porteña en CABA. Hoy, no estamos eligiendo legisladores. Estamos jugándonos el futuro.

El programa económico y social del macrismo sembrará muerte y desolación si les dejamos desarrollarlo por completo. Hay que ponerles un freno. Empecemos por estas legislativas. 

Dejemos de lado por una vez rencores o enojos justificados. Aplastar al gobierno en las urnas es levantar nuestra cabeza después de la elección.

El 22 de octubre, los candidatos del campo nacional tienen que vencer a los de Cambiemos en todos los distritos. Solo así empezaremos a retomar el buen rumbo.

Necesitamos construir un frente de salvación nacional, compatriotas. Estas elecciones son el momento en que, o empezamos a hacerlo, o nos pasan por encima los jinetes del Apocalipsis neoliberal.



Salió PyP 62. Editorial. Conseguilo

Editorial
Después de las PASO, generosidad con los propios y firmeza contra el enemigo
por Néstor Gorojovsky





































Tiempo Argentino publicó el domingo 20 de agosto una entrevista de Martín Piqué a Glenn Postolski, Jorge Alemán y Daniel Rosso, bajo el sugestivo -aunque a nuestro modo de ver desacertado- título de "Cambiemos encarna una conquista del desierto cultural".

En esa entrevista, el trío de intelectuales kirchneristas desgranó una serie de ideas y reflexiones sobre la realidad cultural del país dominado por el macrismo. La más valiente y profunda (y seguramente la más útil) de todas esas ideas la propuso Jorge Alemán, un sicoanalista argentino de fuertes vinculaciones con Podemos y de larga amistad con Ernesto Laclau, y que vive en España sin haber cortado sus vínculos con nuestro país.

Dijo Alemán en relación a la reciente campaña electoral: "El kirchnerismo ha querido dar lugar al desgarro, a mostrar cómo la vida se desorganizó, esa fue la fórmula. Pero hay un problema ... en la figura de la víctima ... que ... denuncia la situación en la que está involucrada, pero no dice qué quiere ... Y el problema es que ... no alcanza con ... narrar el infortunio. Es necesario expresar qué quiero, y que quiero otra cosa".

Y agrega Alemán de inmediato que "eso no significa solamente que se unifiquen fuerzas políticas, o que haya una interna. Hay que partir del reconocimiento de que lo que había antes ya no está. Hay que ver si se lo puede crear nuevamente. Y, en el caso de lograrlo, nunca será igual a lo de antes."
Efectivamente, "nunca será igual a lo de antes". Esa apreciación lleva a pensar que lo que tiene que cambiar es también la composición de quienes dirigen aquello que ya no debe ser igual.

Nos apresuramos a aclarar que en modo alguno estamos haciendo referencia a la interna peronista. Esa disputa nos es ajena y desde el socialismo de la Izquierda Nacional solo podemos alertar sobre los riesgos que a veces nos hace correr a los argentinos cuando se libra en el plano de la política general del país y no de la, justamente, interna.

De hecho, esa “interna” ha impedido, hasta ahora, que el movimiento nacional en su conjunto reordene sus filas y las reoriente en un sentido de claro rumbo de futuro. Esto acarreó la tragedia macrista y también la indefinición ante el presente. Algo de esto planteó este periódico en una de sus primeras evaluaciones de la gestión kirchnerista, a principios de diciembre de 2003:

"La incipiente oleada de oposición [aclaramos hoy: a Kirchner, ya en las primeras semanas de gobierno: nunca hubo un “acuerdo de gobernabilidad” que lo protegiera y blindara] se orienta contra las tendencias insinuadas en los aciertos y no contra las limitaciones”.

“El país solo tendrá salida en el rumbo de los aciertos. Proa a esa salida renacerán las disyuntivas cruciales. Y allí se verá si se las puede resolver sin una conducción obrera del frente nacional", agregábamos. Y eso es parte de lo que quizás no deba ser "igual".

Necesitamos una nueva estrategia, dice Alemán, y acierta. Ahora bien: las estrategias son obra de los estrategas. La pregunta es de dónde, de qué sector social, va a surgir el estratega que permita dar ese paso hacia adelante. Que proponga, con capacidad y fuerza de movilización, un plan de superación de este presente al que nos trajeron –dentro y fuera del peronismo- estrategias (y estrategas) que deben ir más allá de lo declarativo en la recomposición de sus posicionamientos previos a octubre de 2015.

De allí la propuesta de volver la mirada, como lo hacíamos en 2003, a los trabajadores y el movimiento obrero. Fue un error del kirchnerismo mantenerse al margen de su creciente fragmentación, como si le diera lo mismo contar con una sola CGT o con cinco centrales sindicales. Y otro, más grande aún, poco tiempo después de que jugara un papel crucial en el aplastamiento de la “125” (ese intento oligárquico de matar al país de hambre poniéndole cerco al abastecimiento a las ciudades), volverle la espalda por una disputa sobre la fracción de la carga del sostén del Estado que debía caer sobre los hombros de los asalariados con mejores ingresos (en un país que, recuérdese, seguía sin gravar la renta financiera).

Patria y Pueblo opina que obstinarse en negarle ahora al movimiento obrero, en toda su variedad y organicidad y no solo a los sindicatos “amigos”, en el camino hacia esa recuperación de propuesta, el papel que ya supo cumplir cuando le puso el pecho a los piquetes oligárquicos de la Mesa de Enlace sería una nueva equivocación.

Ese camino no podremos recorrerlo -parece- en el entreacto PASO-legislativas, pero, como dice Alemán también, necesitamos pasar de la catarsis a la acción. Y esto requiere la máxima amplitud de convocatoria y la mayor generosidad en el trato a los convocados.

Requiere también consignas claras, que expongan el objetivo que se procura alcanzar en un lenguaje que las grandes mayorías sientan propio. Quien o quienes logren hacerlo estarán en condiciones de lanzarse hacia esa acción en primera línea.

Para los socialistas de la Izquierda Nacional que militamos en Patria y Pueblo, la soberanía popular, en 2017, se encarna en la persona de Cristina Fernández de Kirchner. Es el momento de abrir las puertas a todos los que quieran defender ese principio, y usarlo en contra del videlato electo que es Cambiemos (no creemos que sea una “nueva derecha”).

Para ello es necesario entender, sin embargo, que no por reconocerlo y defenderlo hay que dejar de proponer formas más abarcativas e inclusivas de organización del campo nacional que las disponibles hasta el momento.

Unidad Ciudadana inició una campaña con miras a las legislativas apoyada en dos conceptos fundamentales: (a) que tres de cada cinco votantes sufragaron contra el macrismo, y (b) que la mejor manera de impedirle el avance en su plan de destrucción nacional es el voto por UC en las legislativas.

Si bien al primer argumento se pueden y deben oponer los mismos reparos que opusimos al gorilaje cuando afirmó alguna vez que el 70% de los votos en cierta elección había sido emitido contra el gobierno kirchnerista, contiene en este caso una fuerte dosis de verdad: buena parte de ese voto “antimacrista” fue emitido por compatriotas que sostienen a su vez a antiguos aliados y apoyos del núcleo kirchnerista, que en diversos momentos, y por errores propios no forzados, terminaron jugando contra lo que hoy es UC, más porque no se les dejó otra alternativa que por otra cosa.

A ellos se dirige la campaña, como corresponde. Mas para que sea efectiva, ya que no en todos lados se aplicó la sensata fórmula usada en la CABA y Santa Fe (donde se recuperó el segundo lugar y se ganó, respectivamente) es necesario que hoy, ante todo, quienes estén dispuestos a aproximarse a Unidad Ciudadana no tengan que atravesar alguna forma de humillación o claudicación como a veces exigen algunos actuales integrantes que, en tiempos nada lejanos, trabajaron en contra de lo mismo que ahora defienden.

De esa manera, sí, Cambiemos no podrá convalidar su poder en las legislativas.


El 22 Todos a Plaza de Mayo
























PARA FRENAR AL ESTÁBLISHMENT, UNIDAD DEL CAMPO NACIONAL CONTRA EL MACRISMO 

Desde hace casi dos años los argentinos estamos padeciendo un gobierno oligárquico, que trae cada día nuevas malas noticias para nuestro pueblo. Empobrecimiento, caída del salario real, pérdida de puestos de trabajo, aumento general de precios. Del burro sólo podemos esperar patadas.

A lo largo de su historia, el movimiento obrero, expresión organizada de la clase trabajadora, dio sobradas muestras de su tradición de lucha y resistencia. Con esta marcha brinda, otra vez, un enorme ejemplo de unidad contra un enemigo común que viene por nuestro bienestar y nuestros derechos. 

Esta manifestación de la clase trabajadora incorpora a la CGT, a las CTA y a la CTEP y demás movimientos sociales. Es un acto de justicia consigo misma que la fortalece, porque los movimientos sociales son ante todo el modo en que se vino organizando esa fracción de los trabajadores que ni siquiera tienen el "privilegio" de ser explotados. Y que veremos engrosar sus filas si no frenamos al gobierno que desde el 10 de diciembre de 2015 está dispuesto a ejercer hasta el fondo de sus fuerzas el poder de clase que detenta.

El gobierno del estáblishment, esa sumatoria de oligarcas, banqueros y gerentes de empresas imperialistas, logró unificar a quienes detestan a la clase trabajadora argentina tal y como es, y en especial al movimiento obrero y sus aspiraciones. A los latigazos mediáticos y arrancando del fondo de sus corazón sus peores prejuicios, los mantiene en permanente estado de excitación política y agudiza el miedo y odio que sienten hacia nosotros, a quienes cree "inferiores".

Se trata de una expresión unitaria, en el doble sentido que la palabra adquiere en la Argentina: unificada, y también "unitaria" como representante del privilegio y el desprecio por los de abajo, del amor al extranjero y el asco por lo propio, de la renta financiera o agraria y la destrucción de la industria local. Pero sin industria, los trabajadores careceremos no ya de futuro sino también, como se está viendo venir, de presente.

A la antipopular “minoría intensa”, tenemos que enfrentarla, dividirla, disolverla y derrotarla. Pero el campo nacional, centralmente el peronismo aunque no solo él, está disperso en las elecciones. Solo el movimiento obrero es capaz, hoy por hoy, de dar el grito de unidad contra el peligro en que está la nación entera. Desde él puede surgir la potente voz del subsuelo de la Patria que convoque a defender lo que queda, impedir que se elimine lo que resta, y aplastar a quienes solo tienen por patria al dólar y los paraísos fiscales.

De lo contrario, se hará realidad ese deseo que el régimen macrista denomina "triunfo" en las PASO: abrir importaciones, exportar materias primas, alianzas con EEUU y la comunidad europea. En pocas palabras: país para pocos, hambre, desempleo y miseria para las mayorías.

Una amplia marcha con el objetivo de frenar el ajuste y la entrega es la respuesta de la clase trabajadora a la dispersión política. Pero no alcanza con resistir. Tendremos que avanzar hacia un proyecto de país inclusivo, popular y de desarrollo nacional, que termine con las permanentes amenazas del estáblishment. 

En su propio interés, los trabajadores, cualquiera que sea la central que en este momento los represente, necesitan que el frente opositor al macrismo se unifique detrás de un proyecto que respete la consigna del General Perón: "Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres”. 

La unidad del movimiento obrero, el programa, y la unificación con los sectores políticos opositores que están dispuestos a dar batalla al programa de ajuste, son los pasos a seguir para ganar decisivamente en las elecciones de octubre, modificar la composición del Congreso, y plantear en la urnas y las calles un programa para la definitiva liberación de la patria y el pueblo. 

Los compañeros de Patria y Pueblo, socialistas de la Izquierda Nacional, apoyamos fervientemente esta movilización, y ansiamos que sea el primer paso hacia un programa Nacional, para acabar con el plan entreguista del Gobierno Oligárquico que se lleva puesta a la inmensa mayoría del pueblo argentino.

A la tarea nos sumamos, y además invitamos a quienes lo deseen a participar de nuestra trinchera, para cumplir con esta necesidad de la Patria.

Ante la maniobra fraudulenta de la alianza Cambiemos en el escrutinio

PYP FELICITA A CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER Y DENUNCIA MANIPULACIÓN FRAUDULENTA EN ESCRUTINIO























Al ocultar las cifras de su derrota electoral a manos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Provincia Buenos Aires y el ex ministro Agustín Rossi en Santa Fe, el régimen macrista de ocupación extranjera acaba de perpetrar un nuevo atraco, esta vez masivo, contra la voluntad popular, secuestrando leguleyamente centenares de miles de votos en un intento de hacerlos desaparecer.

Los Socialistas de la Izquierda Nacional, nucleados en el partido Patria y Pueblo, felicitamos a la compañera Fernandez de Kirchner por su victoria indiscutible contra el odio del gorilismo gobernante, y denunciamos la intención proscriptiva de la maniobra de la Alianza Cambiemos.

Esa victoria, no lo olvidamos por un momento, fue obtenida en un arduo combate contra la tempestad moralizante de los grandes corruptores empresariales y la desaforada gritonería matoneril de un sistema de inoculación de odio nunca visto desde los tiempos de la Revolución Fusiladora de 1955.

Esta maniobra fraudulenta constituye, además, una agresión a la soberanía popular, hoy encarnada en primer lugar en Cristina Fernández. Es uno más de los ya incontables ataques del macrismo a su propia legitimidad electoral. El carácter oligárquico e imperialista de su programa lo obliga a erosionarla inevitablemente.

El Pro ya lo sabe: el pueblo argentino no se engaña. Azorado, pero no sorprendido, contempla cómo, en otra jugarreta propia de hampones, esta impresentable caterva de agentes extranjeros disfrazados de políticos argentinos está intentando escamotear los resultados electorales en los dos distritos en los que Cambiemos fue derrotado por Unidad Ciudadana (nada menos que Santa Fe y la Provincia de Buenos Aires).

En la maniobra, los funcionarios de la justicia electoral, los grandes medios monopólicos y la empresa INDRA, vinculada a Mauricio Macri y a la cual se le entregó la gestión de la carga de datos en incumplimiento de las normas vigentes son los responsables primarios necesarios.

Pero no se trata de una cuestión meramente judicial. El macrismo pretende imponerle a la Argentina, "gradualmente", un descenso a los infiernos del régimen de 1976 e incluso a la Década Infame de 1930. Milagro Sala y Santiago Maldonado son el aviso de que no tiene inconveniente en tener presos políticos o detenidos desaparecidos. Ahora intenta, por el momento mediáticamente, instaurar el fraude como método electoral para asfixiar la libre expresión de la voluntad popular.

Esta banda de matones que posan de dirigentes, de totalitarios que posan de republicanos, de fascistas que posan de demócratas y de charlatanes que posan de filósofos, busca así tapar el repudio que ha recibido de una sociedad que va abriendo los ojos ante los verdaderos objetivos de su programa alucinado: de desguace de la economía, la sociedad, la cultura y las costumbres políticas de los argentinos.

El camino para impedir que se concrete semejante aberración es simple: unificar en un solo haz todas las voluntades que se han pronunciado, lapidariamente, contra semejante intento, en unas PASO que lejos de ser una interna partidaria fueron un plebiscito del plan de saqueo, hambre, depredación y liquidación económica, social, cultural y política intenta llevar a cabo Mauricio Macri y su banda.

La victoria de Cristina Fernández en Provincia de Buenos Aires fue el resultado de una batalla contra todas las fuerzas coaligadas del imperialismo extranjero, el gran capital antinacional, y los detritos supervivientes de los peores tiempos de la vida política argentina, ésos que, en privado, y cada vez más en público, se animan a decir ahora, transparente y sinceramente, que "con los milicos, a mí no me fue mal".

El punto de partida de esa reunificación contra la hez de nuestra vida histórica, política y social es, indudablemente, la recomposición de la unidad de un arco de raíz peronista que, en una indiscutible victoria, el macrismo supo dividir. Tal como lo dijo con síntesis admirable el ex Presidente kirchnerista del Banco Central Alejandro Vanoli, "el kirchnerismo necesita al peronismo y el peronismo a los k. Hay que dialogar para ganar y volver al gobierno y revertir el neoliberalismo."

Ese diálogo, como lo viene proponiendo Patria y Pueblo desde el inicio mismo del régimen macrista, debe partir de un balance de los motivos por los cuales el proyecto nacional fue derrotado en 2015, que permita eliminar de una buena vez las prácticas sectarias y expulsivas que terminaron partiendo aquello que siempre debió haber estado unido. Sobre esa sólida base, se podrá reconstituir el arma electoral para cerrarle el paso al macrismo, y los acuerdos parlamentarios que a su vez permitirán llegar a las elecciones de 2019 con una Argentina maltrecha, sí, pero dispuesta a reconquistar un lugar digno en el concierto de las naciones.

Salió PyP 61 • Editorial • Conseguilo

Editorial
Rumbo a Octubre: del problema a la solución
por Néstor Gorojovsky























A principios de marzo de 2017, cuando aún no estaban totalmente definidas las opciones electorales -que ya coagularon- de Cristina Fernández de Kirchner y Florencio Randazzo, el politólogo de las universidades de Buenos Aires y Lanús Ezequiel Ivanis escribió en la revista digital Zoom que en esos días ambos estaban participando de "un juego matemático llamado octubre de 2017, donde la operación lógica es la suma y no la división".

Y agregaba, refiriéndose a la Provincia de Buenos Aires y en ese momento específico de la historia argentina: "Ambos, juntos, superan el 40% de intención de voto en cualquier encuesta. Un número que otorga un seguro triunfo sobre la mejor fórmula de la alianza Cambiemos conformada por Esteban Bullrich y Facundo Manes."

En ese "juego matemático", decíamos nosotros en la editorial del número anterior del presente periódico, "quien, por los motivos que sean, promueva la división del campo nacional, será un colaboracionista. Quien la combata y promueva la unidad electoral, será un patriota".

Lamentablemente, el campo nacional, otra vez, no supo sumar, y volvió a dividir. Cada cual opinará que el colaboracionista es "el Otro". Lo concreto es que el debate interno del peronismo, nuevamente, se zanja en una elección nacional en vez de zanjarse en una contienda interna, y eso pese a contar con la herramienta de las PASO, que el propio peronismo generó bajo la presidencia de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner.

No nos hace felices este hecho. Ya en 2015 vimos los espantosos resultados de dispersar o desanimar el voto por candidatos que para muchos resultaban poco palatables. Estamos sufriendo la consecuencia, que es la derrota de Daniel Scioli en la segunda vuelta de las presidenciales, y la instalación en la Casa Rosada y en la Provincia de Buenos Aires del horror macrista, cuya amplitud aún no terminó de mostrarse en toda su plenitud. 

Sin embargo, en la medida que el peronismo, tomado en su más completa y amplia definición, sigue siendo hasta ahora la mejor herramienta que supo darse el pueblo argentino para enfrentar al campo de la extranjería, los socialistas de la Izquierda Nacional que militamos en el partido Patria y Pueblo lo hemos respetado al peronismo tal como él es, sin desmedro de nuestra voluntad de ofrecer formas diferentes de organizar el movimiento nacional a la consideración de los argentinos, formas que, creemos, serán las que impidan cualquier futura restauración oligárquica una vez que el pueblo argentino retome el control de su país.

Lo concreto, sin embargo, es que no nos correspondía pronunciarnos más allá de lo que hicimos. Ahora estamos, distrito por distrito, con realidades diferentes para las legislativas de Octubre y las PASO de agosto. 

En algunos casos, se logró unificar la elección interna con gran eficacia, como en la Capital Federal. En otros, no fue posible. En la Provincia de Buenos Aires, nos veremos forzados a optar, como la mayoría de los votantes del campo nacional, entre la Unidad Ciudadana de Cristina Fernández de Kirchner y el Cumplir, de Florencio Randazzo.

Ante esta disyuntiva, no tenemos la menor duda de que nuestro apoyo se dirigirá hacia aquella de las dos opciones que más posibilidades tenga de cumplir con el objetivo central de los argentinos en este año electoral: deslegitimar al régimen tiránico de ocupación disfrazada que encabeza el Ingeniero Mauricio Macri y hegemoniza el ultrarreaccionario, segregacionista, y antinacional hasta la médula Pro.

Es en ese sentido, y no en otro, que Patria y Pueblo ha decidido apoyar a la candidatura de la compañera Cristina Fernández de Kirchner y del compañero Jorge Taiana, a la que votaremos además en lista completa, en la aspiración de trabarle al máximo posible las posibilidades de trapicheo parlamentario al régimen minoritario del estáblishment.

Estamos convencidos de que una victoria indisputable de la candidatura de Unidad Ciudadana en la provincia de Buenos Aires será, como bien lo hizo notar ya el propio escriba macrista de Clarín Eduardo van der Kooy, quebrantará la espina dorsal de la alianza Cambiemos.

"Ha declinado el optimismo, la visión colectiva expectante sobre el futuro", dice van der Kooy sobre los 17 meses de poder macrista. Para él, empleado del gran capital, se trata de un "capital que el Gobierno administró con eficacia" en ese lapso. A decir verdad, lo que hizo el macrismo (y no podía sino hacer otra cosa, dada su orgánica ajenidad a las necesidades de las mayorías nacionales) fue dilapidar el capital político con el que contaba apenas un año y medio atrás.

Como consecuencia, la "lluvia de inversiones", que era la única apuesta de Mauricio Macri, se aleja cada vez más, y el desastre económico no tiene otro camino que la profundización. Si a eso se suma un triunfo de la ex presidenta vilipendiada, injuriada, calumniada, perseguida (y ahora amenazada con ir presa a manos del pistolero judicial Bonadío, lo que casi seguramente termine engrosando el caudal de sus votantes) como en los mejores tiempos de 1955, solo en una timba segura (la "bicicleta" del Banco Central) podrá haber algún chaparroncito de verdes, que así como caigan al reseco suelo del verano argentino se evaporarán hacia la fuga de capitales.

Sin ese bastón externo, a Macri solo le quedará el camino que ya emprendió: el que algunos economistas ya han definido, con precisión, como "populismo neoliberal": endeudarse a tasas cada vez más altas en un planeta que ya no se globaliza sino que se empieza a desglobalizar, para sostener una ficticia "superioridad" de su base social plebeya, mientras va despojando de todos sus derechos, según los modelos chileno o, ahora, brasileño, a los trabajadores y los excluidos... con todas las consecuencias represivas que forman parte de ese tipo de "negociación". 

Si es por los resultados de sus intentos actuales, tampoco es de esperar que eso le sirva de mucho. En la misma nota, van der Kooy admite que no le han sido propicias a Macri las imágenes de miles de compatriotas atrapados en supermercados a los que el macrismo financia desde el Banco de la Provincia de Buenos Aires, solo para poder llenar sus carritos cotidianos (y aún así esquilmados por los supermercadistas que, no olvidemos, dominan la Secretaría de Comercio así como las imperialistas del petróleo lo hacen con la de Energía).

Por el otro lado de la ecuación, y más allá de que la situación del movimiento obrero en la Argentina exija un análisis más pormenorizado, ni creemos, como muchos de sus críticos de ultraizquierda, que la prudencia de la conducción cegetista sea una traición al pueblo argentino ni, tampoco, pensamos que el de la suma prudencia ante un gobierno orgánicamente dispuesto a eliminar el fuero laboral mismo sea el camino que más le conviene seguir a los trabajadores.

Como siempre ha sucedido en nuestro país, solo la alianza de los trabajadores agredidos por una política de anticapitalismo selectivo del régimen Pro con las clases medias esquilmadas por un estáblishment que ya se ha convertido en un lujo demasiado caro para nuestro país salvará a la Patria. Motivos que no vienen aún al caso hicieron que las dos piernas del gigante, hoy por hoy, no marchen acompasadas. Si logramos aplastar el ímpetu macrista en 2017, tendremos oportunidad de hacer que marchen a la par en 2019.

Y esto significa hacer política nacional en el más profundo de los sentidos: en el del reconocimiento mutuo y la negociación entre los diversos componentes del movimiento nacional, que no se logrará si las dirigencias que lo representamos omitimos reconocernos (no escabullimos el bulto) como parte del problema, para convertirnos en herramienta de solución.

Es decir: las elecciones de agosto, y las de octubre, son cruciales en la Argentina. No vamos a ellas de la manera que hubiera sido más adecuada. Pero estamos aún en condiciones de preparar para Macri una salida indigna en 2019 y aprovechar el tiempo de tinieblas que nos depara la mera persistencia en el gobierno del Pro y de sus socios, más o menos presionada por la reptante amenaza de un retorno "populista" (es decir, del único soberano, que es el pueblo argentino). De aprovecharlo para que la próxima oportunidad, la tercera que tiene el movimiento nacional de remontar una contrarrevolución oligárquica, sea la vencida.

A esas lides nos lanzamos.